EUTIFRÓN O DE LA SANTIDAD
En éste diálogo, que aparentemente podría tratar sobre la definición del concepto de piedad mediante el análisis racional y el constante cuestionamiento a dichas definiciones, como tradicionalmente solía hacerlo Sócrates, articulado por Platón, ésta vez no llega a un fin determinado, la acepción del concepto como tal no se logra satisfactoriamente. Sin embargo, no es el objetivo mismo del diálogo, pues su finalidad es establecer la relación existente entre la vida religiosa, lo santo y lo misterioso por una parte, y la justicia por la otra. La religiosidad griega antropomorfizada por demás, por la relación simbiótica entre los dioses y los hombres, celebra contratos de intereses mutuos en un tráfico directo de favores, cosa que es cuestionada por Sócrates pero, que por obvias razones; no puede declarar directamente, pues atentaría contra la fe del lugar, sin embargo, ataca directamente el ritualismo y la aparente formalidad del actuar de los atenienses para con sus dioses.
En éste diálogo, que aparentemente podría tratar sobre la definición del concepto de piedad mediante el análisis racional y el constante cuestionamiento a dichas definiciones, como tradicionalmente solía hacerlo Sócrates, articulado por Platón, ésta vez no llega a un fin determinado, la acepción del concepto como tal no se logra satisfactoriamente. Sin embargo, no es el objetivo mismo del diálogo, pues su finalidad es establecer la relación existente entre la vida religiosa, lo santo y lo misterioso por una parte, y la justicia por la otra. La religiosidad griega antropomorfizada por demás, por la relación simbiótica entre los dioses y los hombres, celebra contratos de intereses mutuos en un tráfico directo de favores, cosa que es cuestionada por Sócrates pero, que por obvias razones; no puede declarar directamente, pues atentaría contra la fe del lugar, sin embargo, ataca directamente el ritualismo y la aparente formalidad del actuar de los atenienses para con sus dioses.
Los valores que la religiosidad delegaba a su pueblo se basaban en lo pio y lo impío, entre el agradar o desagradar a los dioses, aludiendo al concepto de piedad de aquel tiempo, que nada tiene que ver con nuestra percepción actual del mismo. Para aquel entonces, piedad significaba realizar correctamente las acciones concernientes al culto y el ritual bajo el tenor de un respeto y temor a la divinidad (eusebeia) y la impiedad era todo lo contrario, para así, conseguir la santidad (hosiotes). Pero también implicaba un aspecto moral, concerniente al hombre y la preocupación por mantener un orden sociopolítico dentro del estado, lo cual se lograba si se acataban dichas normas y reglas.
Por lo tanto, podemos inferir que Sócrates decide no escapar por Justicia, que es una parte de la piedad, pues para él, justo es el obedecer las normas y reglas del Estado, independientemente de si el hombre las ejerce justa o injustamente. No lo hace por ser pio, o por ser piadoso (aquel que acata las normas de cordura o de sentido común), pues por sentido común, ante una injusticia hubiera escapado, sería lo más cuerdo. Sus argumentos se basan en que la justicia nada tiene que ver con la teología. “Lo justo es justo por ser justo, no por ser agradable a los dioses”. (Platón. 393-389 a.C.). Estamos ante una crítica directa al concepto de piedad griega que nada tiene que ver con la justicia de los hombres, la santidad concierne a los Dioses, mientras que la justicia a los hombres. Las leyes se acatan por ser leyes, no porque sean justas o injustas. Lo justo es acatar las leyes que el hombre pacta con el hombre y no con los dioses, pues los dioses nada ganan de los hombres, ni los hombres ganan algo de los dioses con dicho cumplimiento.

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