Por: Octavio Augusto Enriquez Nicolás
Una visión, ideas vagas producto de un orden sin orden, las imágenes cautivan la mirada del espectador, que permanece inerte, en color sepia, adentrándose en los pensamientos de las personas que sin congruencia alguna, pasan por el lente, un concepto de la infancia, el niño que en el tiempo pasado, cuando era, mantenía esa pureza que los caracteriza, la inocencia que es necesaria para trascender.
Sobre
el cielo, un artefacto, producto de la modernidad, y fijamente la mirada
centrada en el cielo de Berlín, el cielo que da esperanza, idea nueva del
provenir de una Alemania bañada en un pasado por sangre, y sobre él, el sol,
símbolo de Horus, el ojo que todo lo ve, el estado perfecto, como lo menciona
Castel (2001)
Una
mirada melancólica, que a su vez, observa desde lo alto, entre el cielo y la
tierra, a las personas, la arquitectura erguida sobre lo que antes fue, y en
todo caso ahora es ruina, el pasado y el presente, visión modernista, que
incita a pensar en que el mensaje visual es claro, caímos, pero estamos de pie,
renovados.
La
materialización deseada por un ser celestial, la presentación de las ideas, en
la vista de alas desplegadas, y un ángel recién materializado, el director de
cine, que tiende a representar la cultura extranjera, aportando a la construcción
y memoria, ensimismado en su disfraz, puede sentir, mas no puede ver lo
celestial, ya es humano.
Un
segundo ser celestial ha llegado para ser guiado por Damiel, los ángeles todo
lo saben, pero no conocen, así que a su llegada, la recopilación de información,
haciendo referencia al sol, el ciclo de nacimiento, plenitud, ocaso, muerte y
renacimiento, en el presente, las horas exactas. Momento justo para expresar
los deseos de conocer, Damiel desea conocer, sentir, materializarse.
Presentación
de un espacio reservado a la cultura, que es la única que no muere después de
la guerra, la biblioteca moderna, donde deambulan personas y ángeles guardianes
del saber, representación de un espacio apartado de la guerra, donde el
narrador busca trascender, y da una retrospección a los pasos antes dados,
búsqueda de sus ideales, sus esperanzas.
Punto
crucial, el deseo de lo carnal, lo terrenal, una mujer, nuevamente disfrazada,
buscando sus anhelos, maquinando sus deseos; un ángel, lo celestial, mirando
atónito aquella escena, invirtiendo el hecho, el desea sentir, hacerse
terrenal, cambio de color muy subjetivo, incentivando los sentidos, el color se
hace presente, muestra la realidad, el dolor, el odio, los deseos, los amores,
el ángel siente el deseo de amar, la mujer siente el deseo de un ser, sus ideas
reflejadas en unas alas.
Es
aquí donde el sinsentido, el desorden natural tiende a mostrar un orden,
siempre existe un límite, para ella, la falta de un ser; para él, el sentir, el
amar.
El
muro, representa muchas cosas, una barrera, un límite, una contención, un
principio, un final, la división, la dualidad, el cielo y la tierra, la vida y
la muerte, el oriente y el occidente, un paso antes de su caída, se logro caer
ideológicamente, ya estaba caído, únicamente faltaba la acción material para
derribarlo, “el muro se extendía a lo largo de 45 kilómetros que dividían a la
ciudad de Berlín en dos, fue uno de los símbolos más conocidos de la guerra
fría y la separación de Alemania”. Alemania en compacto, (2005).
El
ángelus novus, de Paul Klee, alegoría que Walter Benjamin hace de la
modernidad, se hace presente, en la zona de culto a la cultura, la biblioteca,
con el narrador.
Los
espacios que se vislumbran, el circo, lugar lúdico para la infancia a la cual
recordamos, y tendemos a buscar nuevamente; el bar, éxtasis y realizador de
deseos carnales, sitio de encuentro entre las alas y el deseo, lugar de rito mundano,
el vino, las vestiduras rojas, un ángel y una mujer, previo sueño
materializador de las ideas, el paso hacia lo terrenal, y viceversa, encuentro
mitológico, una historia de gigantes invisibles.
La concreción
de los ideales, sueños, deseos, ideas, materialización, las alas y el deseo se
han conectado.
En
conclusión, la visión desarticulada de hechos interrelacionados entre sí, nos
dan una impresión de un todo que se conjunta para lograr un fin determinado, la
mente, encargada de idear, pensar, soñar, por un lado y asi mismo el cuerpo,
necesario para materializar dichos sueños, plasmarlos en papel, hacer visible
lo intangible y un sentimiento, el amor; que proporciona el enlace entre estos
dos, para lograr la plenitud.
El
paso marcado entre los escombros y lo moderno, entre la muerte y la vida, nos
da la esperanza de que existe la posibilidad de hacer conciencia que de los
errores atroces se aprende, y un resurgimiento de una nueva era estaba por
llegar, difícil situación, predecir que aquel muro estaba por caer dos años
después, una mirada externa, de un lugar atribulado, aun con su pasado, y
tendiente a sobresalir, a tal grado, que hoy día, es potencia mundial, y
ejemplo de tenacidad, voluntad, perseverancia y amor propio.
